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Me gusta, no me gusta (a lo Roland Barthes)

No me gustan los celulares, las manzanas ni los adolescentes. No me gusta tener que comer cuatros veces al día, vestirme comprar ropa, saludar. No me gusta hablar. No me gustan los novios en el cine, ni el matrimonio, no me gustan los bebés, las risas agudas. No me gusta la diplomacia, la avaricia, los empresarios ni los emprendedores. No me gusta la luz artificial, las piscinas ni las palmeras, las galerías de arte. No me gusta el deporte ni los fuegos artificiales, no me gustan las competencias, no me gustan las profecías, no me gusta Londres, no me gusta la monarquía ni la república, no me gusta la danza Butoh, los humoristas ni los notarios. No me gusta Bukowski, Salvador Dalí ni el circo chino. No me gustan los cumpleaños ni las reuniones de profesores. No me gustan las evaluaciones, ni la Educación física. No me gustan las premiaciones, el mejor compañero ni el amigo secreto. No me gusta el joven Werther, no me gustan los automóviles, no me gusta comprar ni vender. No me gustan...

Leila sobre Hebe

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Hay una cámara que muestra esta imagen: una habitación oscura, una luz cenital y, debajo de la luz, una mujer sentada en una silla de madera. Lleva el pelo corto, pantalones de tela, una camiseta blanca, las manos sobre las rodillas. Con  voz modulada y monótona, la mujer dice: “Tengo muy pocos principios o convicciones firmes. Pero sí creo en que debemos tratar bien a los que tenemos cerca y en que todas las personas tienen derecho a momentos de placer, alegría o como se llame”. La cámara  no se mueve. La mujer no parpadea. La escena no existe. Existen la mujer, la voz, el texto escrito por ella y, en el hipotético comienzo de un hipotético documental sobre su vida, la escena podría ser una declaración de principios de ese estado de discreción benévola en el que vive y bajo el que crujen las capas tectónicas de la tragedia humana. Porque –si observan con cuidado- la palabra “placer” y la palabra “alegría” están deliberadamente desamparadas bajo la lluvia ácida de...

Corazón de un nombre

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Me recuerda tanto a alguien, alguien que tiene en el corazón de su nombre algo que se repite, no varias veces sino dos. Ella lo ha decidido así, así le parece auténtico, así es como ella, se le parece. Como a mí me parece mejor Nina, con dos N, con dos N de NN, de cualquiera de por aquí, o de por allá, pero que recuerda.

Escritura I

¿Dónde están todas esas conversaciones que mis personajes tenían? Mis personajes, es decir, mi madre, es decir, Edith. Es decir, yo, ella y la que deseo. Esas conversaciones se le van olvidando a esta narradora, porque cada vez que quiere contar, los personajes sostienen nuevas conversaciones. Ella la anota, la nueva conversación, resume en una palabra el nuevo significado, la nueva pequeña verdad que cree saber. Pero aparece otra, ocurre otra y todas las anteriores no parecen pequeñas sino pequeñeces, nada que importe demasiado. A esta narradora no le gustan las historias, pero quisiera decir algo y no puede con versos, no le sale más que para el lado. Piensa que tal vez debería dejarse llevar por una trama, pero ninguna le parece justificable para sostenerla en el tiempo de las páginas, no, no le gustan las tramas, no le importa lo que pueda suceder, la sensación es la misma, ¿para qué desviarse con hechos y lugares? Todo es gris, gris azul, gris violeta, gris rosa, niebla g...

Prematuración

EMULACIÓN DE TU En memoria de Katharine Kai Allen Quiero morir con vos, Y de vos, nunca antes, Tampoco después, haceme El favor de no adelantar nada, misma Cita, hora, precipicio, cuerda. Si sólo una vez mueres sin Mi, todo me matará, morir Sin vos, es matarme con Los ojos, con el llanto, con La desesperanza, con el frío. Todos me matarán, afilarán Sus navajas contra mí, El encuentro de ellos, será Encuentro de muerte, sus Ojos me atravesarán instantáneamente, Incluso sin que yo advierta el frío. Y no por ellos, nunca Ellos sobre mí, seré Yo quien tire, porque Sus ojos me reflejarán Me dejarán ver muerte Viva, me aterro sólo De sospecharlo, será Preciso mutilarme los ojos, Tirarlos a la luz enceguecida Para que se callen, caídos De prematuración, neonatos vivos. Es preciso morir con vos, Fallecer de vos, de lo contrario Por segunda vez morirías sin Mí, es preciso cercenarte para Que no adelantes, para que...

El prólogo más bello que leí en mis últimos 58 años

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ENTRE NOS El arte permanece fuera del tiempo, inalterable, a no ser por el ojo que lo ve. Así también el polvo, magna manifestación de la muerte. Entonces, es posible decir que el deseo de «hacer» arte no es sino el deseo de «hacer» muerte, espacio en donde el sosiego es absoluto. Así, es ineludible para mí, el caer al abismo que se abre al mirar esta serie de lagartas, divertimento extremadamente personal de la artista, que, involucrada en los infinitos juegos y disfraces de sus creaturas, termina por borrarnos la sonrisa e incrustarnos en lo inevitable. Es ahí donde quedo atrapada, en esa grieta imborrable y sonriente que Gabriela Villegas me planta en el camino, y que amable, me obliga a transitar. Pero a diferencia de ella, no puedo sonreír. Los gestos y malabarismos de esas reptiles se me graban en la mirada y me agarran por el dedo hasta hacerme necesario el rastro sobre el papel. Entonces, enlazadas en interminables conversaciones, surge este doble juego, donde el arte ...

Cartas de Alejandra Pizarnik a Silvina Ocampo

1 Quien siente mucho, se jode y no encuentra palabras y entonces no habla y es ésa su condena. Me apresuro a emitir mil gracias por las flores que recibí gracias a vos el sábado 29/11/69 a las 7 u 8 del crepúsculo, son tuyos o no los dibujos o incisiones o mascarillas... Un abrazo breve para que admires qué pronto conseguí un gravador de papeles como el tuyo, A. 2 Tarjeta minúscula con tres niñas-ángeles en la nieve -la más pequeña avanza con un farol Señores de ahí arriba: para Silvina exigimos todas las alegrías suaves e intensas, y que escriba muchísimo, y que sea como es si bien la aceptamos de todos modos si llegara a cambiar. Otrosí: deseamos para ella todo el bien Alejandra 3 Tarjeta con dos tréboles, uno violeta y otro celeste, sobre fondo rectangular verde enmarcado en celeste. Silvina: hoy me pregunté: ¿cómo sería el mundo si Silvina no hubiese nacido? Gracias Tuya Alejandra Escrito transversalmente en el borde izq...