5 de febrero de 2015

Sueño con Olga


Hay un sueño claro, que surge y existe claro con el único fin de hacer que su pelo oscuro sea aún más oscuro. Que resalte y lo capture mi vista y lo retenga la memoria y lo adoren mis poros. El amor nace en la piel y vive en los poros. Cuando el amor abandona los poros para cobijarse en otro lugar entonces es que ha mutado a otro sentimiento.

 

Hace unos días tuve un sueño. Creo que lo disfruté mientras sucedía. Había varios escenarios. Una habitación no tan hermosa con una cama de dos plazas y sábanas blancas. Luz. Veredas de una ciudad mezcla de las que conozco o una nueva sin referencia. No lo sé. Veredas en el centro de una ciudad. Tiendas a ambos lados, personas que caminan, no demasiada velocidad en todo, más bien una ciudad medianamente apacible. Nuevamente luz. Esos son los escenarios. Las acciones son más interesantes.

 No recuerdo el orden de las cosas, hay quien dice que todo sucede al mismo tiempo y luego al despertar uno desenrolla el argumento de los sueños. Que uno los construye mientras los va relatando, que es ahí donde se arman y que el modo de poner en palabras las imágenes y los diálogos termina por construirlos.

Olga estaba recostada en la cama y yo tocaba su rostro y seguía sus ángulos con la punta de los dedos, le decía que tenía un rostro hermoso. Olga es morena de cabello oscuro. Tiene una mirada aguda y una sonrisa que involucra más que nada a sus ojos. Los ojos de Olga entonces son fundamentales. Ella me miraba plácida. A veces estaba más joven de lo que es y a veces también en lugar de estar en la cama estaba en la vereda, como en cuclillas afirmada en una pared y a mi lado. Yo hago esas cosas, sentarse en el suelo, sentir mías las calles porque no tengo un casa. Solo tengo habitaciones que pago mientras tengo trabajo y luego debo irme porque los trabajos no son eternos. Pero ella no, ella tiene un auto y antes dormiría ahí a tener que quedarse en casa ajena. Yo creo que no anda en metro desde hace tiempo, y está bien, yo tampoco bajaría a ese espanto si tuviera un auto y plata para mantenerlo. Pero bueno. Otra cosa que sucedía en este sueño era que ella de pronto era Olga de niña y yo la llevaba en brazos. Íbamos conversando muy alegres por la calle. No pesaba y eso que estaba grande, siete años, luego parecía de menos, unos tres. Era natural que sucedieran esas cosas, aunque yo siempre estaba igual. Era ella quien variaba y es que no la conozco y todas eran ella porque Olga estaba en mi imaginación. Pero estábamos alegres y entonces fue un sueño muy agradable, no parecía faltarnos nada. La vida era amable con nosotras. Si me acordara del diálogo que yo llevaba con Olga niña… pero no me acuerdo. Solo sé que era la conversación que sostendría con ella ahora, de adulta. En ningún momento me percibía a mí misma. Lo más intenso del sueño eran tres cosas: el gusto que me daba su rostro, la claridad en todas partes y lo liviano, la alegría, la simpleza de lo que sucedía. Ahora que lo escribo pienso que podría haber transcurrido todo de mañana. Una mañana luminosa y fresca de no sé qué estación.  

 

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