5 de febrero de 2015

Uno va cargando


Uno va cargando su vida con cierta ternura y este “uno” se corresponde con nuestro cuerpo. Mi cuerpo carga con cierta ternura el cansancio de mi jornada. Mi jornada de 25 años. 25 años y nada por delante, señora, todo por detrás.

Mi agote se ha prendado de las paredes de mi cabeza. Mi cuerpo debe cargar con una cabeza huidiza. Esta que llevo conmigo soy yo, son mis rodillas y mis cuencas. Mi cuerpo debe cargar con una cabeza huidiza, lo repito por mera disciplina. Trabajo el doble, debo ir siempre en busca de mi cabeza. Este que llevo aquí soy yo, son mis huesos y es mi lengua.

Cada vez que he soñado cargo a alguien. Es la gente a la que he amado. Todos han vuelto a ser niños y yo los cargo sin dificultad. Los cargo y los llevo de un punto a otro. Mientras dura el recorrido conversamos. La conversación carece de mimos, es la que llevaría con un adulto, solo que este adulto tiene una cabecita y se le dobla y me viene el terror de que se le desprenda.

Uno va cargando con cierto abandono el amor que para uno era. Uno lo ha entregado todo en quince madrugadas. Uno no tiene qué entregar ahora que el cansancio vino para quedarse. El niño que cargo es mi pulso, si me detengo lo detengo y acaba de una vez el ejercicio de ir hacia adelante.

Mis sienes ya gotean párpados cerrados. 






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